martes, 8 de octubre de 2024

Vender el Alma al Diablo


Vender el Alma al Diablo: Reflexión sobre Decisiones Difíciles y sus Consecuencias

La frase “vender el alma al diablo” es una expresión poderosa que ha resonado a lo largo de los siglos.

No solo tiene connotaciones religiosas o espirituales, sino que también se utiliza para describir decisiones en la vida que, aunque en el momento pueden parecer soluciones, terminan teniendo un costo emocional y psicológico más alto del esperado.

El Simbolismo de Vender el Alma

En la literatura y la cultura popular, “vender el alma al diablo” representa el deseo de obtener algo de manera rápida o fácil, a menudo sacrificando valores personales, bienestar o incluso paz interior.

En Fausto de Goethe, el protagonista entrega su alma a Mefistófeles a cambio de conocimientos y placeres, pero con el tiempo, descubre que su elección lo condena a una vida de sufrimiento.

Esta metáfora refleja cómo a veces tomamos decisiones que, con el tiempo, nos pesan emocionalmente. 

Podrían ser malas relaciones, compromisos que nos quitan libertad o situaciones que nos hacen sentir atrapados, como vivir en un lugar que nos ata a alguien de nuestro pasado.

Cuando una Decisión Se Siente como un Pacto

Tomar una mala decisión no siempre se siente de inmediato como un error. 

En muchas ocasiones, parece la única opción posible o una solución temporal para un problema urgente. Por ejemplo, vivir en una propiedad que pertenece a una ex pareja podría haber parecido una solución cómoda y práctica en su momento, pero con el tiempo, puede transformarse en una fuente constante de malestar, haciéndonos sentir emocionalmente vulnerables o atrapados.

Este tipo de situaciones pueden llevarnos a pensar que, de alguna manera, “vendimos nuestra alma”, en el sentido de haber comprometido nuestra paz mental por una salida fácil.

La Carga de las Decisiones

Llorar, sufrir y preguntarse una y otra vez por qué se tomó cierta decisión es parte del proceso de enfrentarse a las consecuencias de estas elecciones. 

Sentir que se ha perdido el control de la situación, o que se ha cedido parte de uno mismo por algo que al final no vale la pena, es común cuando nos damos cuenta de que lo que parecía una solución ahora se ha convertido en una prisión emocional.

Recuperar el Control

Aunque la sensación de haber vendido el alma puede ser abrumadora, es importante recordar que nunca es tarde para cambiar el rumbo. Aprender de estas experiencias, reflexionar sobre lo que se puede hacer para salir de situaciones difíciles y encontrar maneras de recuperar nuestra libertad emocional es el primer paso hacia la sanación.

Reconocer el problema, aceptar el dolor que conlleva y buscar formas de recuperar la independencia, tanto emocional como física, puede ser el camino para volver a ser dueños de nuestras decisiones y evitar seguir repitiendo patrones.

Conclusión

Tomar malas decisiones es parte de la vida, pero no define quiénes somos.

La idea de “vender el alma al diablo” puede sentirse como una condena, pero también puede ser un llamado a la reflexión sobre nuestras elecciones. 

La clave está en no quedarse atrapado en ese sufrimiento, sino en aprender a salir de él, sanando las heridas y tomando el control de nuestro propio destino.

No importa cuán difíciles o dolorosas sean las circunstancias, siempre hay una salida para recuperar la paz y la libertad interior.

lunes, 7 de octubre de 2024

La mano de Dios en cada momento de mi vida.


A lo largo de mi vida, me he enfrentado a más desafíos de los que puedo contar. 

He vivido momentos de dolor, incertidumbre y caídas, pero si hay algo que me ha mantenido de pie es la sensación de que nunca he estado sola. 

Aunque ya no me considero una persona religiosa, después de más de 20 años de haberlo sido, sé que hay una fuerza que va más allá de nuestra comprensión. 

Algunos lo llaman Dios, otros el Creador, el Universo… pero para mí, es una presencia que me ha cuidado y protegido en cada instante de mi vida.

No puedo explicar cómo, pero siempre he sentido esa mano divina guiando mi camino, incluso en los días más oscuros. 

En los momentos en los que todo parecía perdido, cuando me sentía más vulnerable, algo ha intervenido, como si me recordara que no estoy sola, que hay algo o alguien que me cuida. 

No se trata de una fe basada en rituales o dogmas, sino de una certeza silenciosa, esa paz que viene de saber que hay algo más grande, una fuerza que nos envuelve con amor y protección.

Sé que los milagros existen. Los he visto y los he vivido. 

Aunque no tengo todas las respuestas, siento que mi vida misma es un milagro, un testimonio de que lo inexplicable está ahí, siempre presente. 

Es algo que no se puede expresar con palabras, pero lo siento profundamente en mi corazón.


Perdiendo mi Religión para Encontrar al Creador


A lo largo de la vida, muchas veces asumimos roles que no necesariamente resuenan con quienes somos en lo más profundo. 

Tal como lo dice la canción de Lauren Daigle “Losing My Religion”, vivimos detrás de máscaras y representamos papeles que los demás esperan que desempeñemos, en lugar de conectarnos con nuestra verdadera esencia.

“I’ve been an actor on a stage 

Playing a role I have to play

I’m getting tired to say the same

Living behind a masquerade.”

Estas palabras reflejan ese cansancio emocional de vivir conforme a las expectativas externas, y particularmente cuando se trata de la fe, la espiritualidad o las creencias. Es común que muchos piensen que para tener una relación con el Creador, hay que seguir una serie de reglas, asistir a una iglesia, o adherirse a una religión específica. Pero mi relación con lo divino va mucho más allá de una estructura religiosa. Mi fe no puede encerrarse en un edificio ni en doctrinas rígidas. El Creador, como yo lo percibo, es una fuerza tan vasta y compleja como el universo mismo, una energía que no necesita un manual de instrucciones para ser sentida.

La canción de Lauren Daigle sigue con una declaración poderosa:

“I’m losing my religion

To find You.”

Perder la religión no significa perder la fe, sino encontrar una conexión más pura, más honesta, sin los intermediarios que a veces distorsionan lo que en esencia es un vínculo directo entre tú y el Creador. Es soltar todo aquello que es insincero o superficial, para abrazar lo que realmente toca tu alma. No busco reemplazos ni sustitutos. Mi fe está basada en el amor y la conexión genuina, esa que siento cada día sin necesidad de repetir patrones impuestos por otros.

“No one can love me like You do

So why would I want a substitute?”

Al despojarme de esos formalismos religiosos, he descubierto que la espiritualidad no se mide por cuántas veces acudes a una iglesia, sino por cómo vives y cómo amas. Mi relación con el Creador no necesita ser validada por una religión, porque ya he encontrado algo nuevo, algo diferente.

“I’m losing my religion

In finding something new

’Cause I need something different

And different looks like You.”

Para mí, ese “algo diferente” es la libertad de amar y de vivir en conexión constante con esa energía divina que muchos llaman Dios, y otros, el Universo. Es un amor que va más allá de las palabras, que no tiene reglas fijas ni rituales. Es un amor que es simplemente ser. Un amor que no puede ser imitado ni reemplazado por nada más.

Al final, perder mi religión me ha permitido encontrar una espiritualidad que se siente verdadera, sin las capas de pretensión o las expectativas de los demás. Y en ese proceso, he encontrado la paz. Paz en saber que el Creador me ama tal y como soy, sin necesidad de máscaras o de seguir el guion de alguien más.

La fe es un viaje personal. Y yo he elegido uno en el que puedo ser auténtica, en el que puedo amar libremente, y en el que cada paso me acerca más a esa presencia divina que guía mis días.

¿ El que esté libres de Pecado ?


Vivimos en una sociedad que, a pesar de predicar la aceptación y el amor al prójimo, no duda en juzgar a los demás por sus creencias o prácticas espirituales. Una de las frases más poderosas que nos dejaron las escrituras es aquella que dice: “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra”. Es un llamado profundo a la humildad, un recordatorio de que todos somos imperfectos y que, al juzgar a los demás, olvidamos nuestras propias imperfecciones.

Me han dicho en varias ocasiones que, por no asistir a la iglesia, no tengo una verdadera conexión con Dios o, incluso, que no creo en Él. Pero la realidad es que mi fe no depende de una estructura física o una religión específica. Creo profundamente en un Creador, en una fuerza mayor que trasciende lo que los humanos han querido definir en doctrinas. Algunos lo llaman Dios, otros lo llaman Universo, pero para mí, es la misma esencia. Es esa chispa divina que nos impulsa, que nos da vida y propósito, y que me conecta con algo más grande.

La espiritualidad es una experiencia única y personal. No tiene por qué encajar en moldes predeterminados ni seguir las expectativas de los demás. Y es en esos momentos de incomprensión o juicio donde encuentro refugio en la música. Una canción que ha resonado en mi corazón y que me ha acompañado en estos momentos es “Loosing My Religion” de Lauren Daigle. Esta canción habla de esa sensación de estar perdido en el camino de la fe, de no cumplir con lo que otros esperan, pero al mismo tiempo aferrarse a la esperanza de que existe una verdad más profunda en uno mismo.

Lauren canta:

“I can’t seem to find what’s left of me

I’ve lost my faith, but I haven’t lost my hope.”

Estas palabras tocan algo muy profundo en mí. No se trata de perder la fe en lo que uno cree, sino de perder las expectativas que los demás imponen sobre ti. Porque, al final, la verdadera conexión con lo divino no necesita ser validada por ninguna institución, ninguna persona, ni mucho menos por aquellos que te juzgan.

En lugar de lanzar piedras, deberíamos reflexionar sobre nuestras propias acciones y buscar en nuestro corazón el respeto y la empatía. No sabemos lo que cada persona está viviendo en su camino espiritual, ni las luchas internas que enfrenta. Como dice la frase: “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra”. Es un llamado a no juzgar, sino a comprender.

Creo en un Creador, en una energía mayor que nos guía y acompaña, sea como sea que decidamos llamarla. Y no necesito asistir a una iglesia para sentir esa conexión, porque la fe está en el corazón, en el acto de amor hacia los demás, en la esperanza que mantenemos viva, incluso en los momentos más oscuros.


domingo, 6 de octubre de 2024

Las expectativas invisibles


 A lo largo de nuestra vida, creamos expectativas, casi sin darnos cuenta. 

Creamos expectativas de las personas, de las organizaciones, de las instituciones, de nuestros propios trabajos, de nuestros amigos, conocidos, personas y nuestra propia vida.

Aunque todo es relativo, verdad ? Eso nos dicen. 

Están ahí, invisibles pero siempre presentes, dictando cómo creemos que deberían ser las cosas: las personas que nos rodean, las oportunidades que encontramos, los caminos que elegimos. Las tejemos con hilos de ilusiones y esperanzas, entrelazando nuestras emociones con el deseo de que todo encaje a la perfección.

Pero que pasa cuando los hilos se rompen ? Los hilos se rompieron hoy ? El corazón, que había confiado en una idea, se encontró con la realidad cruda: las personas, las organizaciones, no siempre son como las imaginamos. Porque están hechas de humanos, y los humanos, por naturaleza, fallan. Se equivocan, olvidan, y a veces, sin intención, hieren.


Es fácil idealizar, especialmente cuando necesitamos algo en lo que creer. Es reconfortante pensar que las personas actuarán como esperamos o que las circunstancias fluirán de acuerdo con nuestros planes. Pero cuando ese ideal se desvanece, lo que queda es el dolor de un corazón que había apostado todo a una imagen que no era real.


Te han dicho tienes que ver el trailer de la película antes de verla, tienes que leer la letra pequeña del contrato.

Pero las personas no traen letras pequeñas o trailers, la vida fuera más fácil , verdad ? 

Entonces nos rompemos y ahora, mientras miro las piezas rotas de lo que creía, entiendo que no soy la única que se equivoca. 


Las expectativas nos engañan, nos hacen ver perfección donde solo existe la humanidad. Tal vez la clave está en aceptar que ni las personas ni las organizaciones son perfectas, y en esa aceptación, encontrar un espacio para sanar, para entender que el error también es parte del camino.


En conclusión llegamos que Las expectativas invisibles son como hilos etéreos que, sin darnos cuenta, tejemos alrededor de nuestras esperanzas y deseos. 


A menudo, no las vemos, pero sentimos su peso cuando no se cumplen. Nos atan a ilusiones y escenarios que construimos en nuestra mente, idealizando personas, situaciones o momentos. 


Cuando la realidad no coincide con esas expectativas, el dolor surge de la ruptura entre lo que imaginamos y lo que realmente es. 


Aprender a soltar esas expectativas invisibles nos libera, nos permite aceptar las imperfecciones y encontrar paz en lo impredecible de la vida.

El ladrón del tiempo y los hilos rojos del destino

 


En un rincón oculto del universo, donde los relojes no tienen manecillas y los segundos se deslizan como arena en el viento, habita el Tiempo, un ladrón astuto y juguetón. Se desliza entre los pensamientos, invisible a los ojos, pero siempre presente, susurrando en cada tic-tac y en cada respiro que damos.

El Tiempo no es un villano común, es un tramposo que juega sucio. Le gusta robar lo más preciado sin que te des cuenta, dejándote con la sensación de que algo se te ha escapado, de que llegaste un poco tarde. Con su sombrero ladeado y una sonrisa maliciosa, se deleita en torcer los hilos rojos del destino, aquellos que conectan las almas y los momentos. Cada hilo es frágil, y él lo sabe. Los entrelaza y desata con destreza, creando nudos que no puedes desenredar, y a veces, cuando te atreves a mirar de cerca, ya es demasiado tarde.


Un día el Tiempo decidió jugar sucio conmigo. Se llevó seis minutos, nada más y nada menos. Seis minutos que parecían insignificantes hasta que me di cuenta de su poder. En esos seis minutos, él robó una oportunidad, me cerró la puerta y dejó que los hilos del destino se enredaran en mis pies, haciéndome tropezar. Y así, caí en su juego.


Intenté correr tras él, gritando que me devolviera lo que me había quitado. Pero el Tiempo nunca escucha. Solo se ríe, mientras teje nuevos caminos con los hilos que manipula, caminos que a veces parecen no llevar a ningún lado. 


Lo que el Tiempo no sabe es que, aunque me duela, aunque las lágrimas caigan al suelo, esos hilos rojos aún están en mis manos. 


Los llevo conmigo, como un recordatorio de que no importa cuántas veces el ladrón del tiempo intente jugarme sucio, seguiré luchando para desenredar mi destino, un nudo a la vez.

Duele el alma porque no puedes regresar atrás no hay un Back to the Future o un Back to the Past .

Lecciones de Amor en Tiempos de Dificultad

 


Hoy fue un día complicado. Me preparé como siempre para uno de los momentos más importantes de mi semana, algo que me llena el corazón. Sin embargo, debido a pequeños contratiempos, llegué tarde, apenas por seis minutos. Esos minutos hicieron la diferencia entre estar presente o quedarme fuera. Y así fue, quedé fuera.

Al principio, me invadió la frustración y la tristeza. Después de todo, puse todo de mi parte para llegar. Sin embargo, entendí que hay reglas que están diseñadas para respetar el tiempo y el esfuerzo de todos, aunque a veces, para quienes llegan justo después de la hora marcada, esas reglas puedan parecer injustas.

El esfuerzo por cumplir con nuestros compromisos puede ser agotador, y cuando las circunstancias se interponen, el resultado puede ser decepcionante. Hoy lo viví en carne propia. No pude evitar llorar, no solo por no haber podido participar, sino por la impotencia de haber estado tan cerca, pero no lo suficiente. Sin embargo, a través de este dolor aprendí algo importante: el esfuerzo no siempre es visible para todos, pero sigue siendo valioso, y eso es algo que debemos recordar, especialmente cuando nos sentimos excluidos o incomprendidos.

Sé que quienes estaban en la organización no querían ser crueles ni cerrarse a lo que yo viví. Las reglas son parte de un sistema que busca ser justo para todos. Pero hoy me di cuenta de lo importante que es la empatía, no solo hacia los demás, sino hacia nosotros mismos. A veces, es difícil que otros comprendan cómo nos sentimos en momentos de frustración o tristeza, pero eso no significa que nuestras emociones no tengan valor.

Hoy tuve la oportunidad de recibir un mensaje de alguien que quiso explicarme las razones detrás de la decisión de no dejarme participar. Fue un gesto que agradezco, porque me recordó que, aunque a veces las reglas parecen frías, las personas detrás de ellas no lo son. La comunicación abierta nos permite ver el lado humano de las situaciones.

En lugar de quedarme en el dolor de este día, quiero transformarlo en amor. Esta experiencia me ha mostrado que siempre hay una oportunidad para aprender, para crecer y para comprender. Tal vez no logré lo que esperaba, pero no por ello dejaré de valorar los momentos que me llenan el corazón.

Hay lecciones que vienen de los momentos más difíciles. Aprendí que a veces la vida nos dice “no” o nos pone barreras, pero no es el final del camino. Es una invitación a pausar, a reflexionar, y a encontrar nuevas maneras de seguir adelante, siempre con el amor como nuestra guía.

La vida es un constante proceso de aprendizaje. 

Hoy, aunque me dolió no haber podido participar, decidí no quedarme en la tristeza. 

Decidí aprender, empatizar y seguir adelante.

Porque en cada dificultad, hay una oportunidad de crecer.

Y aunque no siempre controlamos lo que sucede a nuestro alrededor, siempre podemos elegir cómo respondemos a ello.

jueves, 3 de octubre de 2024

Bailar bajo la lluvia

Aprovechando las lluvias que hemos tenido en Guatemala, y que me ha tocado manejar bajo la lluvia, me recordó de singin’n in the rain , esa escena icónica, y mi mente vólo y dije tengo que escribir acerca de esto.

Y al ritmo de la música y la lluvia escribo.( ya es de noche y me encuentro en casa)

Una experiencia de libertad y alegría Bailar bajo la lluvia es un acto que captura la esencia del desenfreno y la libertad, una metáfora viviente que nos invita a desprendernos de nuestras inhibiciones y disfrutar el momento presente.


Inspirada por clásicos como “Singin’ in the Rain” de Frank Sinatra y revigorizados por ritmos modernos como los de Daddy Yankee, (como un breve paréntesis les comento que acaba de sacar una canción sobre este tema de bailar en la lluvia); y bien en este artículo exploro cómo esta experiencia trasciende generaciones, géneros musicales y culturas, convirtiéndose en un símbolo universal de alegría y liberación.

Un clásico atemporal “Singin’ in the Rain” es más que una canción; es un ícono cultural que ha inspirado a generaciones a encontrar alegría incluso en los días más grises. 

Frank Sinatra, con su voz suave y melodiosa, nos trae imágenes de charcos de agua que salpican con cada paso de baile, recordándonos que la felicidad es una elección. La canción nos invita a liberarnos de las preocupaciones y bailar con el corazón abierto, con la lluvia como cómplice de nuestros pasos más audaces.

Una nueva era con Daddy Yankee Daddy Yankee, el rey del reggaetón moderno, transforma este concepto clásico en una fiesta contemporánea con su canción que combina ritmos caribeños y letras que celebran la vida y el momento.

En su versión, bailar bajo la lluvia se convierte en una celebración de la vida, un momento para olvidar las dificultades y sumergirse en el ritmo contagioso del reggaetón. Aquí, la lluvia no solo refresca, sino que también purifica, llevándose las preocupaciones y dejando espacio para la felicidad y la diversión.

Más que solo bailar Bailar bajo la lluvia es un acto de rebelión contra las expectativas.

Es un recordatorio de que la vida no necesita ser perfecta para ser maravillosa.

Se trata de soltar, de dejar que cada gota borre las etiquetas y los juicios, permitiéndonos ser simplemente humanos, vivos y reales. Esta experiencia nos enseña sobre resiliencia y adaptabilidad, mostrándonos que podemos encontrar belleza y alegría incluso en las circunstancias más inesperadas. 

Beneficios emocionales y físicos Además de ser una poderosa declaración de libertad, bailar bajo la lluvia ofrece beneficios tangibles tanto emocionales como físicos.

Emocionalmente, mejora el estado de ánimo y reduce el estrés, liberando endorfinas que nos hacen sentir más felices y relajados.

Físicamente, es una forma fantástica de ejercicio que mejora la flexibilidad, la fuerza y la resistencia cardiovascular.

Así, inspirada en la lluvia que cae, y en las canciones tanto por Frank Sinatra como por Daddy Yankee, bailar bajo la lluvia se erige como un acto universal de alegría y liberación. 

Nos recuerda que la felicidad se encuentra en los momentos más simples y que, a veces, todo lo que necesitamos es un buen aguacero y una canción motivadora para convertir un día ordinario en una aventura inolvidable.

Atrévete a dejar que la lluvia te envuelva, que la música te mueva y que tu espíritu baile libre, sin más límites que el cielo tormentoso y sin más testigos que las calles empapadas.

Sé que no es fácil pero no estás solo.

Gracias por seguir leyendo este Blog, te agradezco tu apoyo,

Saludos y muchas bendiciones,

miércoles, 2 de octubre de 2024

No soy una causa perdida

A veces la vida nos lanza desafíos que parecen insuperables. 

Momentos en los que nos preguntamos si aún tenemos lo necesario para continuar, si las oportunidades se han agotado o si simplemente nos hemos quedado atrás en el juego de la vida.

Pero quiero dejar algo en claro hoy: No soy una causa perdida, y si estás leyendo esto, tú tampoco lo eres. Es fácil, demasiado fácil, caer en la trampa de pensar que hemos fallado. Que ya no hay más caminos por recorrer, que no seremos lo suficientemente buenos para aquello que soñamos.

Sin embargo, en el fondo de nuestros corazones, sabemos que “la esperanza no se apaga tan fácilmente”. Esa chispa, aunque a veces pequeña, sigue encendida. Y mientras haya luz, aunque sea mínima, siempre habrá una posibilidad. 

¿Qué significa no ser una causa perdida?

Acá vengo a contestarme a mi misma: Significa que, aunque me haya tropezado, aunque haya días en los que dudo de mí misma, sigo aquí. Aún tengo la capacidad de aprender, de mejorar, de intentar de nuevo.

No me definen los errores del pasado, sino la voluntad que tengo de superarlos.

A veces, nos etiquetamos demasiado pronto. Nos convencemos de que no podemos, de que no somos suficientes.

Pero lo cierto es que cada día es una oportunidad para cambiar esa narrativa.

Cada mañana que nos levantamos, tenemos una nueva oportunidad de crecer, de trabajar en aquello que creemos imposible, de convertir lo improbable en realidad. 

“No soy perfecta”, y está bien. No tengo que serlo.

Mi valor no se mide en lo que otros creen de mí, sino en lo que yo creo de mí misma.

Y hoy, elijo creer que tengo lo necesario para seguir adelante, para cambiar mi historia, para demostrar que “donde algunos ven una causa perdida, yo veo un futuro lleno de posibilidades”.

Porque, aunque a veces el camino parezca oscuro, siempre hay una luz esperando al final. Y esa luz es la esperanza.

Una esperanza que me recuerda que no importa cuántas veces caiga, “siempre puedo levantarme una vez más”.

Gracias por continuar leyendo… por seguir apoyándome 

Saludos y muchas bendiciones 

Cuento para Adultos : El Silencio que habla . Parte 1



Amaya vivía en una cuidad donde todos los sonidos eran intensos: las bocinas, las conversaciones, las risas, las peleas. Pero había un ruido aun mas ensordecedor, el que solo ella podía escuchar: el silencio que se creaba en cada una de sus discusiones con Emilio.
Su relación era un bucle de emociones. Cada vez que Emilio alzaba la voz, Amaya sentia que una parte de ella se apagaba, y en ese espacio vacío hacia un silencio profundo. Pero ese silencio no era quietud. Era una presencia, una voz sin palabras, que le hablaba cuando el no lo hacia. El silencio se hacia mas grande con cada disculpa que llegaba, con cada promesa rota que quedaba flotando entre ellos.
Amaya trataba de ignorar esa voz muda, convencida de que lo que vivia era simplemente la complejidad del amor. Pero en el silencio se volvio mas nitido, mas urgente, susurrandole lo que no queria oir: que el amor no debía sentirse como una cadena, que las palabras que no se dicen  tambien tienen peso, y que el verdadero amor no te hace callar.
Una noche, después de una pelea que termino en mas silencio, Amaya decidio hacerle caso a la voz. Camino por la cuidad, alejándose del ruido y las luces. Se detuvo en un puente, miro el rio abajo y escucho algo diferente: el susurro del agua fluyendo, como su propio corazón que , aunque lastimado, seguia latiendo con fuerza. Se dio cuenta de que el silencio, ese que siempre había evitado, era en realidad su propio grito de libertad.
Amaya se volvió  a acercar mas al borde del barandal del puente, el rio debajo parecía susurrar su nombre con una calma engañosa. El viento helado le acariciaba el rostro, como una mano invisible que la empujaba a cuestionarse, a mirar dentro de si.
Vale la pena seguir?, se pregunto en voz baja, como si las palabras mismas fueran mas pesadas de lo que podia soportar.
Ser o No Ser, la frase resonaba en su mente como un eco lejano, pero ahora tomaba una forma real, tangible. ¿Ser lo que soy, un reflejo de mis cicatrices, o dejar de ser, terminar con este fuego que quema cada parte de mi alma?
Las lagrimas comenzaron a deslizarse por sus mejillas, pero no habia nadie para verlas. Estaba sola, como siempre lo habia estado incluso cuando Emilio la abrazaba. ¿Cobarde? Quiza si. Quiza el verdadero valor es acabar con esto de una vez por todas. Apagar el ruido, el dolor, el sufrimiento que me consume, que me asfixia….
Miro al rio, que corria sin detenerse, y su mente viajo hacia la posibilidad de descansar en esa corriente, de dejar que todo desapareciera. Pero algo dentro de ella, una pequeña chispa, la detenia. Era casi imperceptible, pero estaba ahí. ¿ y si sigo? ¿ Que me espera mas alla de este puente? ¿mas dolor? ¿mas gritos? ¿ o hay algo mas.. ¿ Que tan cobarde seria quedarme y enfrentar lo que venga, en lugar de dejarme caer?
Las dudas la envolvian, cada una como una nube oscura que la cegaba. ¿ Porque deberia quedarme en este mundo? Un mundo caotico sin sentido. ¿Un mundo que solo sabe destruirme?

Amaya respiro hondo y cerro los ojos. El silencio, su viejo compañero volvio. Pero esta vez no la empujaba hacia el vacio. Esta vez le susurraba, casi como una pregunta: ¿ Y si hay algo mas alla de este dolor? ¿ Y si soy mas fuerte de lo que lo que creo?

Esa noche no volvio a casa. No necesitaba palabras ni explicaciones. El silencio habia dicho todo lo que necesitaba oir.

Music Is Born in the Heart

The heart beats. Once. Again. And again. It doesn’t need to know anything about music to keep its rhythm. It doesn’t read sheet music, it ha...