domingo, 8 de marzo de 2026

Alcanzar la autosuficiencia temporal a través de la educación



Hay una escena en la película Kung Fu Panda que siempre me hace sonreír.


Po, el protagonista, sueña con convertirse en un gran guerrero. Sin embargo, cuando finalmente es elegido como el famoso “Guerrero Dragón”, nadie lo toma en serio. Ni siquiera él mismo cree que está preparado.


No sabe pelear, no tiene disciplina y, siendo honestos, tampoco parece el candidato ideal para salvar a nadie.


Sin embargo, con entrenamiento, aprendizaje y perseverancia, poco a poco comienza a descubrir habilidades que ni él mismo sabía que tenía.


Esa historia, aunque es divertida, también refleja algo muy humano: muchas veces nosotros también dudamos de nuestras propias capacidades.


En algún momento de la vida todos nos hemos hecho preguntas como:


• ¿Estoy realmente preparado?

• ¿Tengo las habilidades necesarias?

• ¿Seré capaz de lograrlo?


Pero el crecimiento personal rara vez comienza con alguien que se siente completamente listo.


Muchas veces comienza con alguien que está dispuesto a aprender.


Aprender es parte del plan de Dios

Las Escrituras enseñan que el aprendizaje forma parte del progreso espiritual y temporal del ser humano.


En Doctrina y Convenios 88:118, el Señor nos invita a:

“Buscad conocimiento, tanto por el estudio como por la fe.”


Este principio nos recuerda que el aprendizaje no es solo académico. También implica desarrollar disciplina, adquirir habilidades, estudiar las Escrituras y ampliar nuestra comprensión del mundo.


La educación es una forma de preparación.


Y cuando nos preparamos, también crece nuestra confianza.


El presidente Russell M. Nelson ha enseñado:

“El Señor ama el esfuerzo, porque el esfuerzo trae recompensas que no podrían venir sin él.”


Cada vez que estudiamos, aprendemos algo nuevo o desarrollamos una habilidad, estamos participando activamente en nuestro propio crecimiento.


Cuando sentimos que no estamos listos

Las Escrituras están llenas de ejemplos de personas que inicialmente no se sentían preparadas para cumplir con su misión.


Jonás, por ejemplo, intentó huir de la responsabilidad que el Señor le había dado.


Moisés también expresó sus dudas cuando el Señor lo llamó para liberar al pueblo de Israel.

En Éxodo 4:10 leemos que Moisés dijo:

“¡Ay, Señor! nunca he sido hombre de fácil palabra.”


Moisés sentía que no tenía la capacidad necesaria para la misión que se le había encomendado.


Sin embargo, el Señor no elige a las personas porque ya lo sepan todo.


Muchas veces el Señor elige a personas que están dispuestas a aprender, crecer y confiar en Él.


Recordar quiénes somos realmente

A veces la mayor dificultad no es aprender algo nuevo.


A veces la mayor dificultad es recordar quiénes somos.


En las Escrituras aprendemos que somos hijos e hijas de Dios.


En Romanos 8:16 leemos:

“El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios.”


Pero surge una pregunta muy importante:


¿Realmente creo que soy una hija de Dios?

¿Creo que tengo un propósito divino?

¿Creo que Dios ha puesto capacidades dentro de mí?


El presidente Russell M. Nelson ha enseñado:

“Nada es más liberador, más ennoblecedor ni más importante que saber que eres verdaderamente un hijo o hija de Dios.”


Cuando recordamos nuestra identidad divina, nuestra manera de ver los desafíos cambia.


Ya no pensamos:

“no puedo”.


Comenzamos a pensar:

“quizá todavía estoy aprendiendo”.


Las cosas pequeñas que cambian la vida

El Libro de Mormón enseña un principio profundo y lleno de esperanza.


En Alma 37:6 leemos:

“Por medio de cosas pequeñas y sencillas se realizan grandes cosas.”


Este principio también se aplica al aprendizaje.


La autosuficiencia rara vez comienza con grandes logros.


Más bien comienza con pequeñas decisiones diarias:


Leer un libro.

Aprender una habilidad.

Estudiar un poco cada día.

Desarrollar disciplina.

Buscar guía espiritual.


Con el tiempo, esos pequeños esfuerzos se convierten en oportunidades, crecimiento personal y nuevas posibilidades.


Preparación y confianza

El Señor también nos recuerda un principio poderoso en Doctrina y Convenios 38:30:


“Si estáis preparados, no temeréis.”


La preparación reduce el miedo.


Cuando desarrollamos conocimiento y habilidades, estamos mejor equipados para enfrentar los desafíos de la vida.


La educación no solo mejora nuestras oportunidades laborales.


También fortalece nuestra capacidad para:


• tomar decisiones sabias

• servir a los demás

• apoyar a nuestras familias

• y construir una vida con propósito


Descubrir capacidades que no sabíamos que teníamos

Quizás por eso la historia de Po en Kung Fu Panda resulta tan inspiradora.


Él no comenzó siendo el héroe perfecto.


Comenzó siendo alguien que no creía en sí mismo.


Pero a través del aprendizaje, la disciplina y la perseverancia, descubrió capacidades que siempre habían estado dentro de él.


Algo parecido puede ocurrir con nosotros.


A veces las habilidades que necesitamos aún no han sido desarrolladas.

A veces el conocimiento que nos falta aún no lo hemos adquirido.


Pero eso no significa que no podamos llegar a desarrollarlos.


Una invitación a seguir aprendiendo

La autosuficiencia temporal no se construye en un solo momento.


Se construye paso a paso.


Cada libro leído.

Cada habilidad aprendida.

Cada esfuerzo por mejorar.


Todo forma parte del proceso de convertirnos en personas más preparadas para enfrentar la vida.


Tal vez, al igual que Po, descubriremos que tenemos capacidades que antes ni siquiera imaginábamos.


Y en ese proceso de aprendizaje, crecimiento y preparación, podemos encontrar no solo mayor autosuficiencia…


sino también mayor confianza, mayor propósito y más oportunidades para servir a los demás.


Porque cuando recordamos que somos hijos e hijas de Dios, comprendemos que el Señor no espera que seamos perfectos desde el principio.


Él simplemente espera que estemos dispuestos a aprender, crecer y seguir adelante con fe.

domingo, 1 de marzo de 2026

When Faith Falters Because of Injustice

 




Today is Sunday. A day a Sabbath Day

And while my body rests, my soul reflects.


Earlier, while lying in bed with a slight fever, I watched the Netflix film Divine Influencer. The first ten minutes didn’t quite capture my attention, but I decided to give it a second chance. And somewhere in the unfolding of that story, something within me began to stir.


The film made me reflect on something deeper:


What happens when faith feels shaken?

What happens when religion feels distant?

What happens when terrible things are happening in the world — and to us personally?


This article was born from that reflection… and shaped with thoughtful guidance along the way.


There are questions that do not come from rebellion, but from pain.

Questions that do not arise from a lack of faith, but from having believed deeply.


For a long time, I thought faith was a guarantee.

That if I did what was right, if I served, obeyed, prayed — things would turn out well.


But life does not always respond with immediate heavenly logic.


And when injustice appears — when it wounds, when it breaks, when it seems to go unchecked — faith does not disappear instantly.


It cracks first.


🌿 The Moment Something Fractures

There is a kind of pain that does not only affect the heart.

It affects our personal theology.


When we see injustice without immediate accountability.

When people who act wrongly appear to prosper.

When our own prayers seem to remain suspended in silence.


In those moments, we do not always lose God.

Sometimes, we lose a simplified idea of Him.


The teachings of The Church of Jesus Christ of Latter-Day Saints emphasize moral agency as an eternal principle. That means individuals can choose — even choose wrongly. And those choices bring consequences… though not always in the timing we expect.


President Russell M. Nelson has taught that in times of uncertainty, we must “choose to believe.” That phrase sounds simple, but it is profoundly mature. Choosing to believe not when everything makes sense — but precisely when it does not.


💭 Losing Religion Is Not the Same as Losing Faith

There is a delicate difference between losing religion and losing faith.


Religion is structure.

Faith is relationship.


Religion can feel distant when we are wounded.

But faith… faith is quieter. More intimate. More personal.


Elder Jeffrey R. Holland has spoken about holding on to what we already know when we do not yet know everything. That teaching challenged me.


Because when my faith faltered, it was not because I stopped believing in God.

It was because I did not understand why certain things were allowed.


And that is when I realized something uncomfortable — yet freeing:


My faith was maturing.


🔥 Adult Faith Is Not Naïve

Child like faith says:

“If I do what is right, nothing bad will happen to me.”


Mature faith says:

“Even when bad things happen, I will continue to trust.”


Mature faith accepts that:

Moral agency is real.

Injustice exists.

Spiritual growth is rarely comfortable.

Divine answers are not always immediate.


This is not resignation.

It is depth.


When faith stops being transactional — “I do this, You give me that” — and becomes relational — “Even when I do not understand, I remain” — something changes within us.


We are no longer naïve.

We are conscious.


🌅 It Was Not the End of My Faith

There were moments when my faith felt weakened by the injustices I experienced and witnessed. Moments when silence seemed louder than answers.


But now I understand it was not the end of my faith.

It was the end of a simplified version of it.


My faith did not die.

It transformed.


It stopped being a guarantee of comfort

and became a daily decision to trust.


And perhaps that is what spiritual growth truly means.


🕊️ For Anyone Standing There

If you have ever felt your faith weaken because of injustice…

you are not less faithful.


You are someone learning to believe with open eyes.


And believing with open eyes is not weakness.

It is spiritual courage.

Alcanzar la autosuficiencia temporal a través de la educación

Hay una escena en la película  Kung Fu Panda  que siempre me hace sonreír. Po, el protagonista, sueña con convertirse en un gran guerrero. S...