Durante mucho tiempo creí que ser fuerte emocionalmente significaba aguantar. Callar.
Seguir.
No quebrarme frente a nadie.
Pero la vida —y Dios— me han enseñado algo distinto:
la verdadera fortaleza no está en endurecer el corazón, sino en aprender a responder con conciencia cuando la vida duele.
Todos, sin excepción, atravesamos momentos que nos sacuden:
juicios injustos, errores que pesan, pérdidas económicas, enfermedades que nos cambian el ritmo y el cuerpo.
La diferencia no está en lo que nos pasa, sino en cómo elegimos actuar frente a ello.
Cuando reaccionamos desde el impulso
Hay respuestas que nacen del dolor y del miedo. Son humanas, pero no siempre nos ayudan:
• Guardar resentimiento cuando alguien nos hiere.
• Culparnos eternamente por un error.
• Vivir desconfiando después de una traición.
• Compararnos con quien fuimos antes de una enfermedad o una pérdida.
Estas reacciones no nos hacen malas personas; nos hacen personas heridas.
El problema aparece cuando esas respuestas se vuelven nuestro hogar.
Actuar con responsabilidad emocional
La resiliencia emocional comienza cuando hacemos una pausa y elegimos actuar “por nosotros mismos”, no desde la herida.
Eso puede verse así:
• Reconocer lo que sentimos, sin negarlo ni exagerarlo.
• Asumir responsabilidad sin castigarnos.
• Pedir perdón cuando corresponde, pero también aprender a perdonarnos.
• Aceptar las nuevas etapas de la vida con compasión, no con guerra interna.
• Confiar en que Dios sigue obrando, incluso cuando el plan no se parece a lo que imaginábamos.
Actuar con responsabilidad emocional no significa que ya no duela; significa que el dolor ya no decide por nosotros.
La fe como ancla, no como evasión
Encontrar fortaleza en el Señor no es usar la fe para evitar sentir.
Es usarla como ancla cuando las emociones son intensas.
La fe no elimina los desafíos, pero nos recuerda algo esencial: no caminamos solos y no estamos rotos sin propósito.
Hay etapas en las que servir, avanzar o incluso soñar se ve distinto. Y aun así, sigue siendo válido.
Dios no cancela su propósito por nuestras limitaciones; muchas veces lo revela a través de ellas.
Para quien hoy está cansado
Si hoy te sientes frágil, no estás fallando. Estás aprendiendo.
Si reaccionaste como no querías, no todo está perdido. Siempre se puede volver a elegir.
La resiliencia emocional no se logra en un día, se construye con pequeñas decisiones diarias: responder con más conciencia, más fe y un poco más de amabilidad hacia uno mismo.
Ser fuerte emocionalmente no es no caer.
Es levantarse sin perder el alma en el intento.

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