jueves, 5 de febrero de 2026

La otra indiferencia (Parte II)

 



La otra indiferencia (Parte II)

Cuando el amor se queda en silencio


Existe una indiferencia más íntima, más callada.

No se ve desde fuera, pero se siente igual de honda.


Es la indiferencia en los vínculos.


No llega con gritos ni discusiones.

Llega con la ausencia de gestos.

Con respuestas cortas.

Con miradas que ya no buscan encontrarse.

Con ese vacío extraño de estar acompañado y sentirse solo.


A veces, la indiferencia duele más que el conflicto.

Porque el conflicto todavía reconoce al otro.

La indiferencia lo borra lentamente.


Hace que uno se pregunte si exagera, si pide demasiado, si debería conformarse con menos.

Va apagando la voz interna que dice “mereces cuidado”.


Y así como en la sociedad normalizamos la violencia para poder seguir, en el amor a veces normalizamos la falta de empatía para no enfrentar el miedo a perder.


Pero el amor sin presencia también hiere.

El cariño sin atención también pesa.


Un mismo aprendizaje

Tal vez por eso estas dos indiferencias se parecen tanto.

La del mundo y la del corazón.


Ambas nacen cuando dejamos de mirar con profundidad.

Cuando el otro deja de ser alguien y se convierte en ruido de fondo.


Volver a mirar, volver a sentir, volver a nombrar, es un acto sencillo y poderoso.

No cambia el mundo de inmediato, pero cambia la forma en que habitamos lo que nos toca vivir.


Y a veces, eso ya es una forma de cuidado.

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