Cuando la mente se queda en silencio: las pausas del escritor
Hoy vi el reloj a las 4:12 a.m, probablemente estaba despierta desde antes.
A veces no escribo nada, y a veces me despierto con esa necesidad loca de escribir.
Pero cuando no escribo nada, No es falta de tiempo ni de ideas —esas siempre están por ahí, dando vueltas—, sino esas pausas que tenemos los que escribimos.
¿Bloqueos? No sé si llamarlos así. Son más como temporadas en las que simplemente no tengo ganas de escribir. Días en los que no quiero saber nada: ni del mundo, ni de nadie, ni de mí misma.
Son momentos en los que me digo: “Hoy no puedo. Hoy mi mente no quiere palabras.”
Y no pasa nada… porque también forma parte del proceso.
Hay meses en los que escribo muchísimo. Otros en los que apenas toco el teclado. Y luego están esos días raros en los que me levanto temprano —sin haber dormido bien— y de pronto las palabras empiezan a fluir solas, como si mi mente hubiera estado esperando ese silencio para ordenar lo que siente.
A veces quiero escribir de todo a la vez: ideas, emociones, historias, reflexiones…
Me emociono, me inspiro, y luego —de repente— pauso. Como si necesitara respirar entre párrafos.
No sé qué nombre darle exactamente. Tal vez es simplemente la vidamoviéndome a su ritmo.
A ratos acelerada, a ratos contemplativa.
A veces generosa, a veces silenciosa.
Lo único que he aprendido es que no hay que pelear con esas pausas.
Son parte del camino, parte de mí, parte de lo que hace que cada vez que regreso a las palabras, lo haga con más verdad.
¿Qué piensas tú de estas pausas? ¿Te has sentido igual alguna vez?

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