Hay frases que aparecen inesperadamente mientras vemos una serie, leemos un libro o escuchamos una conversación y, sin pedir permiso, se quedan dando vueltas en nuestra mente.
Escuche esta frase: «El miedo se apodera de tu confianza».
La escuché mientras veía Avatar: La leyenda de Aang, en uno de los momentos más difíciles para Aang: Appa se ha perdido.
Para quien nunca ha visto la historia, quizá parezca simplemente la pérdida de su compañero de aventuras. Pero Appa representa mucho más.
Representa su hogar.
Su familia.
Su conexión con el pasado.
Su seguridad.
Aang ya había perdido demasiado.
Había despertado en un mundo completamente diferente al que conocía. Había descubierto que su pueblo había desaparecido y que muchas de las personas que amaba ya no estaban.
Y entonces pierde también a Appa.
Es allí donde el miedo comienza a ocupar un lugar peligroso.
El lugar de la confianza.
¿Cuántas veces nos ocurre lo mismo? A veces creemos que perder la confianza significa dejar de creer completamente en nosotros mismos.
Pero no siempre sucede así.
La pérdida de confianza puede ser silenciosa.
Comienza con una preocupación.
Luego aparece una duda.
Después otra.
¿Y si no funciona?
¿Y si me equivoco?
¿Y si el dinero no alcanza?
¿Y si mi proyecto fracasa?
¿Y si aquello que estoy esperando nunca sucede?
Sin darnos cuenta, comenzamos a construir escenarios de cosas que todavía no han ocurrido.
Y el miedo, que inicialmente era solamente una pequeña voz, comienza a hablar cada vez más fuerte.
Hasta que un día descubrimos algo:
No hemos dejado de tener sueños.
Hemos comenzado a tener miedo de perseguirlos.
El miedo quiere certezas
Creo que uno de los grandes problemas del miedo es que exige garantías.
Quiere saber que todo saldrá bien antes de comenzar.
Quiere conocer el resultado antes de intentarlo.
Quiere asegurarse de que nadie nos rechazará.
De que no perderemos dinero.
De que nuestros proyectos funcionarán.
De que nuestros sueños se cumplirán exactamente como los imaginamos.
Pero la vida no funciona así.
La vida rara vez entrega garantías.
Nos entrega posibilidades.
Caminos.
Decisiones.
Oportunidades.
Y muchas veces nos pide avanzar sin conocer completamente el resultado.
Últimamente he pensado mucho en mis propios miedos
Tengo proyectos que quiero terminar.
Libros que quiero escribir.
Historias que quiero contar.
Una voz que quiero seguir desarrollando.
Sueños que quiero convertir en proyectos reales.
También tengo preocupaciones.
Me preocupa el dinero.
Me preocupa que mis libros no se vendan.
Me preocupa no encontrar suficientes proyectos para mi voz.
Me preocupa el futuro.
Y he comprendido algo incómodo, pero necesario:
No puedo esperar a dejar de sentir miedo para comenzar a vivir.
Porque quizá el miedo nunca desaparezca completamente.
Quizá la verdadera pregunta no sea:
«¿Cómo puedo dejar de tener miedo?»
Sino: «¿Qué voy a hacer a pesar de sentir miedo?»
La confianza también necesita acción
Durante mucho tiempo pensé que confiar significaba esperar.
Tener paciencia.
Tener fe.
Creer que las cosas encontrarían su camino.
Y todavía creo profundamente en la fe.
Pero últimamente estoy comprendiendo algo más.
La fe también puede caminar.
La confianza también puede trabajar.
La esperanza también puede crear planes.
Podemos orar y después levantarnos de nuestras rodillas para comenzar a construir aquello que pedimos.
Podemos confiar en Dios y, al mismo tiempo, tocar puertas.
Podemos creer en nuestros sueños y aprender nuevas habilidades.
Podemos esperar una oportunidad y, mientras llega, prepararnos para recibirla.
Porque quizá algunas respuestas no aparecen solamente mientras esperamos.
Quizá aparecen mientras caminamos.
El miedo no siempre es el enemigo
También he comenzado a mirar el miedo de otra manera.
Tal vez el miedo no llega únicamente para detenernos.
A veces llega para mostrarnos aquello que realmente nos importa.
Si tengo miedo de que mis libros no se vendan, es porque escribir importa para mí.
Si tengo miedo de no encontrar proyectos para mi voz, es porque quiero utilizarla.
Si tengo miedo del futuro, es porque todavía tengo sueños dentro de él.
Quizá el problema no sea sentir miedo.
El problema comienza cuando permitimos que el miedo tome todas nuestras decisiones.
Recuperar la confianza
Recuperar la confianza no significa despertar una mañana sintiéndonos invencibles.
A veces comienza con algo mucho más pequeño.
Escribir una página.
Enviar una propuesta.
Grabar una prueba de voz.
Publicar un artículo.
Aprender algo nuevo.
Intentarlo nuevamente.
Dar un pequeño paso.
Y después otro.
Tal vez la confianza no regresa antes de comenzar.
Tal vez regresa porque comenzamos.
Seguir caminando
Aang tuvo que continuar su camino mientras buscaba a Appa.
Con tristeza.
Con frustración.
Con miedo.
Y quizá allí existe una enseñanza para todos nosotros.
La vida no siempre espera a que recuperemos completamente la confianza para continuar.
El camino sigue.
Y nosotros debemos decidir cómo queremos recorrerlo.
Hoy todavía tengo preguntas.
Todavía tengo preocupaciones.
Todavía existen cosas que no sé cómo resolver.
Pero también tengo ideas.
Tengo proyectos.
Tengo una voz.
Tengo historias.
Tengo fe.
Y todavía puedo dar el siguiente paso.
Quizá eso sea suficiente por hoy.
Porque he comprendido algo:
El miedo puede intentar apoderarse de mi confianza, pero no tiene por qué apoderarse también de mis decisiones.
Puedo sentir miedo y seguir creando.
Puedo sentir incertidumbre y seguir aprendiendo.
Puedo no conocer el resultado y aun así comenzar.
Porque quizá la valentía nunca significó vivir sin miedo.
Quizá la valentía siempre fue algo mucho más sencillo y, al mismo tiempo, mucho más difícil: seguir caminando cuando el miedo nos pide que nos detengamos.

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