Hay una escena en la película Kung Fu Panda que siempre me hace sonreír.
Po, el protagonista, sueña con convertirse en un gran guerrero. Sin embargo, cuando finalmente es elegido como el famoso “Guerrero Dragón”, nadie lo toma en serio. Ni siquiera él mismo cree que está preparado.
No sabe pelear, no tiene disciplina y, siendo honestos, tampoco parece el candidato ideal para salvar a nadie.
Sin embargo, con entrenamiento, aprendizaje y perseverancia, poco a poco comienza a descubrir habilidades que ni él mismo sabía que tenía.
Esa historia, aunque es divertida, también refleja algo muy humano: muchas veces nosotros también dudamos de nuestras propias capacidades.
En algún momento de la vida todos nos hemos hecho preguntas como:
• ¿Estoy realmente preparado?
• ¿Tengo las habilidades necesarias?
• ¿Seré capaz de lograrlo?
Pero el crecimiento personal rara vez comienza con alguien que se siente completamente listo.
Muchas veces comienza con alguien que está dispuesto a aprender.
Aprender es parte del plan de Dios
Las Escrituras enseñan que el aprendizaje forma parte del progreso espiritual y temporal del ser humano.
En Doctrina y Convenios 88:118, el Señor nos invita a:
“Buscad conocimiento, tanto por el estudio como por la fe.”
Este principio nos recuerda que el aprendizaje no es solo académico. También implica desarrollar disciplina, adquirir habilidades, estudiar las Escrituras y ampliar nuestra comprensión del mundo.
La educación es una forma de preparación.
Y cuando nos preparamos, también crece nuestra confianza.
El presidente Russell M. Nelson ha enseñado:
“El Señor ama el esfuerzo, porque el esfuerzo trae recompensas que no podrían venir sin él.”
Cada vez que estudiamos, aprendemos algo nuevo o desarrollamos una habilidad, estamos participando activamente en nuestro propio crecimiento.
Cuando sentimos que no estamos listos
Las Escrituras están llenas de ejemplos de personas que inicialmente no se sentían preparadas para cumplir con su misión.
Jonás, por ejemplo, intentó huir de la responsabilidad que el Señor le había dado.
Moisés también expresó sus dudas cuando el Señor lo llamó para liberar al pueblo de Israel.
En Éxodo 4:10 leemos que Moisés dijo:
“¡Ay, Señor! nunca he sido hombre de fácil palabra.”
Moisés sentía que no tenía la capacidad necesaria para la misión que se le había encomendado.
Sin embargo, el Señor no elige a las personas porque ya lo sepan todo.
Muchas veces el Señor elige a personas que están dispuestas a aprender, crecer y confiar en Él.
Recordar quiénes somos realmente
A veces la mayor dificultad no es aprender algo nuevo.
A veces la mayor dificultad es recordar quiénes somos.
En las Escrituras aprendemos que somos hijos e hijas de Dios.
En Romanos 8:16 leemos:
“El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios.”
Pero surge una pregunta muy importante:
¿Realmente creo que soy una hija de Dios?
¿Creo que tengo un propósito divino?
¿Creo que Dios ha puesto capacidades dentro de mí?
El presidente Russell M. Nelson ha enseñado:
“Nada es más liberador, más ennoblecedor ni más importante que saber que eres verdaderamente un hijo o hija de Dios.”
Cuando recordamos nuestra identidad divina, nuestra manera de ver los desafíos cambia.
Ya no pensamos:
“no puedo”.
Comenzamos a pensar:
“quizá todavía estoy aprendiendo”.
Las cosas pequeñas que cambian la vida
El Libro de Mormón enseña un principio profundo y lleno de esperanza.
En Alma 37:6 leemos:
“Por medio de cosas pequeñas y sencillas se realizan grandes cosas.”
Este principio también se aplica al aprendizaje.
La autosuficiencia rara vez comienza con grandes logros.
Más bien comienza con pequeñas decisiones diarias:
Leer un libro.
Aprender una habilidad.
Estudiar un poco cada día.
Desarrollar disciplina.
Buscar guía espiritual.
Con el tiempo, esos pequeños esfuerzos se convierten en oportunidades, crecimiento personal y nuevas posibilidades.
Preparación y confianza
El Señor también nos recuerda un principio poderoso en Doctrina y Convenios 38:30:
“Si estáis preparados, no temeréis.”
La preparación reduce el miedo.
Cuando desarrollamos conocimiento y habilidades, estamos mejor equipados para enfrentar los desafíos de la vida.
La educación no solo mejora nuestras oportunidades laborales.
También fortalece nuestra capacidad para:
• tomar decisiones sabias
• servir a los demás
• apoyar a nuestras familias
• y construir una vida con propósito
Descubrir capacidades que no sabíamos que teníamos
Quizás por eso la historia de Po en Kung Fu Panda resulta tan inspiradora.
Él no comenzó siendo el héroe perfecto.
Comenzó siendo alguien que no creía en sí mismo.
Pero a través del aprendizaje, la disciplina y la perseverancia, descubrió capacidades que siempre habían estado dentro de él.
Algo parecido puede ocurrir con nosotros.
A veces las habilidades que necesitamos aún no han sido desarrolladas.
A veces el conocimiento que nos falta aún no lo hemos adquirido.
Pero eso no significa que no podamos llegar a desarrollarlos.
Una invitación a seguir aprendiendo
La autosuficiencia temporal no se construye en un solo momento.
Se construye paso a paso.
Cada libro leído.
Cada habilidad aprendida.
Cada esfuerzo por mejorar.
Todo forma parte del proceso de convertirnos en personas más preparadas para enfrentar la vida.
Tal vez, al igual que Po, descubriremos que tenemos capacidades que antes ni siquiera imaginábamos.
Y en ese proceso de aprendizaje, crecimiento y preparación, podemos encontrar no solo mayor autosuficiencia…
sino también mayor confianza, mayor propósito y más oportunidades para servir a los demás.
Porque cuando recordamos que somos hijos e hijas de Dios, comprendemos que el Señor no espera que seamos perfectos desde el principio.
Él simplemente espera que estemos dispuestos a aprender, crecer y seguir adelante con fe.

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